23/6/13

“¿Se puede concebir algo más distinto a lo que nos han contado?“ Entrevista a Máximo Sandín, Primera Parte



Les comparto esta entrevista que con gran amabilidad ha accedido a responder Máximo Sandín, la cual pienso que contribuye enormemente a informar a los lectores sobre tópicos científicos de mucha actualidad, ideas que hacen resonancia en las mentes de este tiempo, y creo que a todos nos atañe como parte del entramado de VIDA que somos.



Máximo Sandín es Doctor en Ciencias Biólogicas y en Bioantropología, y ejerció durante 35 años como profesor de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autonoma de Madrid. En su página: Somos Bacterias y Virus pone a disposición de todos, infinidad de documentos que componen sus investigaciones a lo largo de toda su carrera, ciertamente sobresaliente y muy fructífera.

MV: Darwin no descubrió la evolución sino que tomó teorías ya existentes y les dio la forma conveniente para que sirvieran a sus intereses. ¿Pero realmente no aportó nada nuevo a las teorías evolucionistas que le precedían?

Se ha mitificado y tergiversado hasta tal punto la figura de Darwin (algunos científicos le han calificado como “la cumbre del pensamiento humano) que han conseguido confundir hasta a sus detractores. Quizás esto que voy a decir suene algo pretencioso, pero creo que para valorar sus capacidades y su valor científico es suficiente con leer sus libros. Y no se trata, como justifican sus defensores, de que sus textos fueran resultado de las limitaciones o científicas de la época, porque en aquella época, e incluso en anteriores existían científicos, verdaderos científicos evolucionistas, de los que ya hablaremos, cuyos términos y cuyas metodologías, basadas en estudios de anatomía comparada, del registro fósil, de experimentos embriológicos, eran verdaderamente científicos y de una gran brillantez.


Los textos de Darwin son un reflejo de lo que era, un miembro acomodado de la sociedad victoriana (“subgraduado” en Teología), no muy brillante intelectualmente, como reconoce en su “Autobiografía” (la modestia de los sabios, según sus seguidores) con mucho tiempo libre (su única actividad laboral fue la de prestamista para los pobres) y aficionado a la Naturaleza. Si leemos sus libros nos encontramos con que el método científico brilla por su ausencia y que su concepción de los fenómenos naturales está basada en especulaciones bastante simples sobre la cría de animales domésticos. Como no tengo mucha esperanza el que sus lectores se molesten en leer directamente a Darwin me veo obligado a poner cites textuales para que obtengan sus propias conclusiones.

En la introducción a “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” explica su metodología “científica”:

“Al principio de mis observaciones me parecía probable que un cuidadoso estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería la mejor probabilidad de aclarar este oscuro problema. Y no anduve equivocado; en éste y en todos los demás casos de perplejidad he encontrado invariablemente que nuestro conocimiento, por imperfecto que sea, de la variación por medio de la domesticidad, daba el mejor y el más seguro norte. Yo osaría expresar mi convicción del alto valor de estos estudios, aunque hayan sido muy comúnmente descuidados por los naturalistas”.

Efectivamente, este tipo de estudio había sido “descuidado” por los naturalistas (es decir, los científicos) porque para un científico resulta absurdo extrapolar las actividades de los ganaderos y los agricultores cuyas actividades son una distorsión consciente de los fenómenos naturales, es decir, no permitir que los individuos normales se reproduzcan y dejar reproducirse sólo a los animales que les interesaban, obesos, o de patas cortas o con mamas hipertrofiadas… a los fenómenos que se producen en la naturaleza, donde los animales que se reproducen son los normales y sanos. Lo que “los naturalistas” pretendían comprender eran los fenómenos naturales. Y no parece que la metodología de Darwin fuese la más adecuada:


“Creyendo que es siempre mejor estudiar algún grupo especial, después de de reflexionarlo, he ocupado mi atención con las palomas domésticas. He conservado toda casta que me era posible comprar u obtener y he sido amabilísimamente favorecido con pieles de varias partes del mundo, mas especialmente por el Honorable W. Eliot, de la India, y por el Honorable C. Murray, de Persia. Muchos tratados en diferentes lenguas se han publicado sobre palomas, y algunos de ellos son muy importantes, por su antigüedad considerable. Me he asociado con algunos eminentes aficionados y se me ha permitido entrar en dos de los clubs de palomas de Londres”.

El resultado de estas “profundas” reflexiones del “científico más importante de la historia” es su aportación crucial. Veamos con qué criterios empíricos llega a ella:

  “Cuando vemos que han ocurrido indudablemente variaciones útiles para el hombre, no podemos creer improbable que ocurran en el curso de muchas generaciones sucesivas, otras variaciones útiles de algún modo a cada ser en la batalla grande y compleja de la vida. Y si ocurren, ¿podemos dudar (recordando que nacen muchos más individuos que los que es posible que vivan) que los individuos que tengan alguna ventaja sobre los demás, por pequeña que sea, tendrán la mejores probabilidades de sobrevivir y reproducir su especie? Por otra parte, podemos estar seguros de que cualquier variación en el más pequeño grado perjudicial, sería rígidamente destruida. Esta conservación de las variaciones y diferencias individuales favorables, y la destrucción de aquellas que son nocivas, es lo que he llamado “selección natural” o “supervivencia de los más aptos”.



En cuanto a su concepción de la Naturaleza y de las relaciones entre los seres vivos, dejemos que él nos lo explique:

“De aquí, que como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene que haber forzosamente en todos los casos una lucha por la existencia / ... / Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza al conjunto de los reinos animal y vegetal; porque en este caso, no hay aumento artificial de alimento y limitación prudente de matrimonios.“

Porque Darwin no “descubrió la evolución” como se nos suele contar en su expedición del Beagle y su visita a las islas Galápagos (otra historia sobre la que hay mucho que contar, pero se pueden encontrar pistas, incluso en la Wikipedia si ponen en un buscador pinzones de Darwin o Darwin’ finches), sino dos años después de su vuelta, de una forma menos romántica, como nos cuenta en su Autobiografía:
“En Octubre de 1838, esto es, quince meses después de haber comenzado mi estudio sistemático, se me ocurrió leer por entretenimiento el ensayo de Malthus sobre la población y, como estaba bien preparado para apreciar la lucha por la existencia que por doquier se deduce de una observación larga y constante de los hábitos de animales y plantas, descubrí enseguida que bajo estas condiciones las variaciones favorables tenderían a preservarse, y las desfavorables a ser destruidas. El resultado de ello sería la formación de especies nuevas. Aquí había conseguido por fin una teoría sobre la que trabajar.“

Lamento resultar tan pesado con las citas, aunque podría llenar cientos de páginas con sus argumentaciones, a veces, incluso ridículas, pero resulta desesperante ver cómo personas que no se han molestado, no ya en conocer las ideas sobre la evolución previas al darwinismo, sino siquiera en leer los libros de Darwin repiten exaltados los tópicos y las mentiras que les han contado como si fueran la verdad revelada. Porque si nos tomamos el tiempo de leer los libros de Darwin y en analizar sus “profundas reflexiones” no es necesario tener una “mente científica” para darnos cuenta de que toda su visión está elaborada totalmente de espaldas a la naturaleza. Nunca llegó a entender que su supuesta teoría basada en la cría de animales domésticos no tenía la menor relación con los fenómenos que se dan en la Naturaleza. En su libro “La variación de los animales y las plantas bajo la domesticación” escribe esto:

“El Sr. Pouchet ha insistido recientemente (Plurality of Races, traducción al inglés, 1884, p. 83) en que la variación bajo domesticación no arroja luz sobre la modificación natural de las especies. Yo no puedo percibir la fuerza de su argumento, o para ser más exacto, de sus aseveraciones a ese tenor”.

Después de leer y releer a Darwin y de informarme de las circunstancias y los personajes que le rodearon, he llegado a la conclusión, que puede ser errónea, pero se trata de que los lectores relacionen los datos, de que Darwin jamás se enteró de nada, ni de la evolución, por supuesto, que insisto en que se conocía y estaba siendo estudiada desde cien años antes en las universidades, ni de lo que había montado a su alrededor. En su Autobiografía, su “modestia de sabio” le obliga a reconocer que “no tengo una gran presteza de entendimiento o ingenio tan notable en algunas personas inteligentes, por ejemplo Huxley (que fue el verdadero creador de adrwinismo) /…/Mi capacidad para un razonamiento prolongado y puramente abstracto es muy limitada, por ello nunca hubiera tenido éxito en la metafísica o las matemáticas. Creo que es posible que la incapacidad para un razonamiento prolongado y abstracto se haya contagiado a sus seguidores cuando nos dicen que una mutación puntual en “un gen” puede justificar “con el tiempo” las remodelaciones evolutivas, o cuando mueren más polillas blancas y quedan más oscuras. Dan ganas de decirles “¡por favor, sigue pensando! ¡Qué más!”.
En definitiva, comparto el desconcierto con que Darwin finaliza su Autobiografía: 
“Es verdaderamente sorprendente que, con unas capacidades tan modestas como las mías, haya llegado a influir de tal manera y en una medida considerable en las convicciones de los científicos sobre algunos puntos importantes”.

Supongo que a partir de esta información el lector se podrá hacer una idea de lo que verdaderamente aportó.

MV: La ciencia oficial considera el darwinismo como el cimiento de sus concepciones acerca de la vida. La mayoría de las personas aún desconocen las raíces de esta teoría, y la dan por cierta aún sin haberse leído los textos originales. Tú los has estudiado y encontrado que sus ideas son esencialmente el resultado de la extrapolación de ideologías sociales a las ciencias biológicas. ¿Nos podrías decir cuál es su basamento, si hay algo en esta teoría que pueda considerarse válido, desde el punto de vista científico, y cómo ha influido esta visión en la sociedad humana en general?

Quisiera intentar justificar, una vez más, el motivo de mi insistencia en sacar a la luz el origen del darwinismo como una manipulación consciente e interesada. Existe, en la actualidad, un grave problema científico en la Biología. Los datos que se están acumulando gracias a los progresos en los métodos y herramientas de investigación resultan totalmente contradictorios con las interpretaciones “convencionales” que no se asumen como interpretaciones/deformaciones producto del darwinismo (muchos biólogos dicen que no son darwinistas, sino científicos), pero las concepciones darwinistas se han asentado en el modo de interpretar “científicamente” la Naturaleza hasta tal punto que no se cuestionan ni por un momento el carácter competitivo de las relaciones entre los seres vivos, el azar como regidor de la vida y, por supuesto, la irrenunciable selección “natural” como la que dicta el veredicto final. Esto está creando una gran confusión, porque los nuevos datos se incluyen “acríticamente” en este esquema mental a pesar de que sean contradictorios con sus conceptos centrales y casi siempre se malinterpretan, lo cual puede ser, incluso, peligroso. Por eso creo tan importante bucear en la Historia y desvelar el origen fraudulento del darwinismo y la mitificación de Darwin, porque si no se comprende el origen de esta forma de pensar no se puede comprender el problema científico.

De lo que quisiera hablar aquí es de algo con lo que me he encontrado en mi búsqueda por comprender cómo unas ideas tan simples se impusieron como una “verdad absoluta”, tanto en el ámbito científico como en las sociedades autodenominadas “avanzadas”. Después de años de rastrear en las circunstancias históricas, sociales e ideológicas que rodearon el nacimiento, la muerte y resurrección del darwinismo, he llegado a la conclusión (puede que equivocada, pero se trata de que el lector se informe y reflexione sobre los datos que voy a exponer) de que la imposición del darwinismo sobre otras concepciones previas y actuales de la evolución y, sobre todo, de la concepción de la vida constituye la operación de “lavado de cerebro masivo” mayor de la Historia (posiblemente, junto con la del “libre mercado”, que va en el mismo paquete). El primer intento de imposición de la visión darwinista en el ámbito científico (el éxito social fue inmediato) fue llevado a cabo por científicos muy poderosos encabezados por Sir Thomas Henry Huxley que vieron en la selección “natural” un refuerzo de sus ideas de “superioridad racial” y fundaron el X-Club, un selecto club de gentlemans creado con el objetivo de “apoyar la selección natural y el liberalismo académico”. Para este fin fundaron la revista Nature y controlaron las principales sociedades científicas inglesas. Cuando nos cuentan la historia de que el libro de Darwin provocó un escándalo en su sociedad nos ocultan el hecho de que, aunque suscitó el rechazo de la iglesia anglicana y, lógicamente la nobleza, fue muy bien acogido por la burguesía surgida de la revolución industrial y por los poderosos en general, que lo veían como una justificación “científica” de su situación en la sociedad. El “incomprendido” Darwin fue nombrado miembro de la Royal Society y de la Geological Society a pesar de no ser científico. Le concedieron prestigiosas medallas científicas, como la medalla Copley, la medalla Wollaston y alguna más y, a su muerte, se celebró un funeral de estado al que asistieron las más importantes personalidades de la época y fue enterrado en la catedral de Westminster una deferencia que sólo recibían muy pocas personas que no fueran de la realeza.

Sin embargo, a principios del Siglo XX, el darwinismo estaba científicamente muerto, porque los datos provenientes de la naciente genética contradecían la idea de evolución gradual e “imperceptible” que implicaba el cambio mediante la selección “natural”. Había ideas y aportaciones científicas que ahora se están mostrando en el buen camino, como el “mutacionismo”, es decir cambios bruscos y notables como generadores cambio evolutivo (hoy duplicaciones y reorganizaciones en el genoma), la “ortogénesis”, cambios no adaptativos dirigidos internamente (hoy genes homeóticos), el “lamarckismo” entendido como la respuesta del organismo al ambiente (epigenética y movilización de elementos móviles) y la herencia de caracteres adquiridos (cambios epigenéticos, inserciones virales y transferencia horizontal)… Pero la selección “natural” había de ser defendida, y un grupo de matemáticos y genetistas reunidos por su condición de fervientes eugenistas se inventaron un modelo matemático sin la menor relación con ningún fenómeno biológico observable (basado en las posibilidades de sacar cara o cruz en una moneda lanzada al aire), con el único objetivo de “demostrar” cómo una pequeña mutación individual que concediese una (supuesta) “ventaja” podría extenderse a “toda la población”. Sobre este invento se creó la genética de poblaciones, y con este engendro científico como “base teórica” se constituyó la “Síntesis moderna”. Este curioso término o concepto fue creado en 1942 por Sir Julian Huxley, nieto de Sir Thomas y presidente de la Sociedad Eugenésica Británica entre 1959 y 1962, en su libro Evolution: The Modern Synthesis (1942).




Pero la imposición oficial de la “Síntesis” en el ámbito científico tuvo lugar en 1946 de una forma tan curiosa como poco científica: Se elaboró un “documento fundacional”, en el que participaron Ernst Mayr, Theodosius Dobzhansky, Sewall Wright y George Gaylord Simpson, junto con Sir Julian, en el que supuestamente se pretendía unificar bajo las ideas darwinistas los datos procedentes de la genética, la paleontología y la sistemática. El invento de la genética de poblaciones, aunque contradictorio con los verdaderos datos genéticos, permitía “explicar” cómo la selección “natural” actuando sobre cambios imperceptibles (que supuestamente, a pesar de ser imperceptibles, dieran una “ventaja” a su portador sobre el resto de la especie hasta el punto de sustituir a todos los que no la tuvieran) podía producir “con el tiempo” (con mucho, mucho tiempo) los enormes cambios evolutivos que se observan en el registro fósil. Con este truco se “unificaban” los contradictorios datos reales. Lo divertido de esta curiosa forma de hacer ciencia, este “documento fundacional”, es decir, dado que no existe una teoría basada en datos científicos verificables y que explique realmente las observaciones, nos inventamos una fórmula que los “unifique”, fue calificada de “pacto entre caballeros” (“gentleman’s agreement”). Creo que el trasfondo cultural-ideológico de estas maniobras es evidente y parte de una concepción de la realidad situada en la convicción de la propia superioridad y una justificación supuestamente científica de las desigualdades y de las injusticias. De hecho, Thomas H. Morgan, uno de los “pioneros” de la Síntesis escribió en 1921: 
“La evolución no es tanto un estudio de la historia del pasado como una investigación de lo que tiene lugar actualmente”. Estos argumentos fueron comprendidos perfectamente por los grandes magnates mundiales que por aquellas fechas comenzaban su expansión por el ámbito científico mediante sus fundaciones y (prestigiosas) universidades y el darwinismo se convirtió en una visión del Mundo que contaminó muchos otros campos del saber mediante el control de los medios de comunicación e instituciones educativas. Resulta penoso leer textos de brillantes intelectuales que asumen que el darwinismo (al que suelen confundir con la evolución) es una teoría científicamente probada, que Darwin “descubrió” la evolución, que es la primera explicación “materialista” de la vida… incluso que es una explicación “progresista” sin tener conciencia de que todas estas ideas son fruto de una inmensa manipulación de la Ciencia y de la Historia de la Ciencia. Una manipulación que comienza con el adoctrinamiento desde la escuela, se acentúa en las universidades y convierte (en su mayor parte) a los biólogos en auténticos “creyentes”.

Una de las frases “hipnopédicas” con las que nos intentan troquelar la mente los propagandistas del darwinismo es que “junto con la Biblia, El Origen de la Especies es el libro con mayor influencia de la historia de la Humanidad”. Si añadiéramos su antecesor, el Ensayo sobre la riqueza de las naciones, yo estaría de acuerdo, porque esto explicaría el terrible estado del Mundo en la actualidad.

MV: Según tus planteamientos, ya no se debería conceptualizar todo el proceso de desarrollo de la vida tanto con la palabra evolución, como la de transformación, y esta se ha realizado a través de cambios bruscos de organización, no graduales, lo cual explica que no se hayan encontrado eslabones intermedios. En ese caso, ¿se podría pensar en estas transformaciones como si no hubieran ocurrido de forma lineal sino como una compleja red de interacciones que contenía desde un inicio la información necesaria para formar toda la red de la vida, tanto microorganismos como macroorganismos?

El vocabulario, los términos, son muy importantes en ciencia, porque incorporan un significado que implica una concepción del hecho estudiado. La definición de evolución en el diccionario de la Real Academia Española es: “Desarrollo de las cosas o de los organismos, por medio del cual pasan gradualmente de un estado a otro”. Incluso tiene un apartado para definir la evolución biológica de esta manera: “Proceso continuo de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones”. La confusión de base es considerar la evolución como un proceso gradual de adaptación al ambiente. Adaptación es un ajuste a las condiciones ambientales, es decir, un aferramiento al medio, ¿cómo se explica entonces que unos organismos perfectamente adaptados al medio terrestre se adapten “gradualmente y al azar” al vuelo con las complejas remodelaciones morfológicas y fisiológicas que conlleva, y ¿qué “ventaja” tendrían los aberrantes grados intermedios sobre los normales para llegar a “sustituírlos” según su concepción.? Esta idea tiene un serio problema desde el punto de vista de los conocimientos de la biología del desarrollo: los cambios de organización sólo se pueden producir por cambios en el proceso embrionario, como pone de manifiesto la reciente disciplina de la Evo-Devo (evolución y desarrollo), y esos cambios se han de producir, forzosamente, en una sola generación. Por extraño que parezca, hay datos científicos que apoyan esta concepción: los genomas animales y vegetales están compuestos, en su mayor parte, por elementos móviles y virus endógenos (genomas de virus insertados en los de los seres vivos que funcionan como parte constituyente) que responden a los estímulos ambientales en forma de duplicaciones y saltos de un lugar a otro del genoma. 

A lo largo de la historia de la vida se han producido grandes cataclismos de distinto origen que se pueden asociar con los cambios bruscos en la fauna y la flora que han dado nombre a los grandes períodos paleontológicos, y estos cambios globales se pueden explicar porque todos los componentes del ecosistema global responden a las “desestabilizaciones” ambientales con fenómenos como remodelaciones genómicas y transferencia genética horizontal. Es decir, lo que “evoluciona”, lo que sufre transformaciones, no son los individuos, sino los ecosistemas al completo, la vida. Y hay unos datos científicos que hacen pensar en el significado de estos aparentemente extraños fenómenos: los cambios de localización de los elementos móviles y las inserciones de secuencias genéticas producidas por la transferencia horizontal no son “al azar”, sino que existen puntos del genoma donde tienden a producirse (lo que se conoce como “hot spots”, puntos calientes). Esto parece indicar, por una parte, que la evolución es un fenómeno colectivo, no individual y mucho menos por competencia y por otra, que no es “al azar”,  que la variabilidad de los seres vivos está de alguna forma preestablecida, al menos, dentro de unos márgenes, que sigue unas pautas que no son aleatorias.  Creo que esta posibilidad debería hacernos reflexionar sobre la concepción del fenómeno de la vida, incluso en el Universo, pero sobre todo aporta una esperanza para el futuro de la Humanidad.

MV: ¿Es indudable el hecho de que hayan aparecido antes los organismos más simples como los virus y las bacterias, y posteriormente los organismos “superiores“? ¿Existen pruebas reales que indican sin lugar a dudas que una especie desciende de otra?

Aunque para el pensamiento científico no existe nada “indudable” (excepto la selección “natural” para los darwinistas) de lo que se puede hablar es de datos, y los datos del registro fósil, que no es, lógicamente, completo, pero sí muy preciso y abundante, nos muestran que, efectivamente, hace más de 3.600 millones de años, todavía durante el proceso de formación de la Tierra ya existían colonias bacterianas que son controladas por “bacteriófagos” (virus bacterianos). Posteriormente, en el Período Proterozoico, entre hace 2000 y unos 540 millones de años, aparecieron los primeros organismos celulares (Procariotas) y después los primeros organismos pluricelulares simples. Hace unos 540 millones de años se produjo la llamada “explosión del Cámbrico”, un fenómeno que irrita mucho a los darwinistas, porque rompe sus esquemas de la evolución “en árbol”, ya que aparecieron simultáneamente y bruscamente todos los grandes tipos de organización animal existentes actualmente (y algunos más), es decir, vertebrados, moluscos, artrópodos, etc., y a partir de este (extraño) fenómeno, los sucesivos períodos geológicos deben sus nombres a las apariciones bruscas de nuevos tipos de fauna descendientes de los anteriores con una tendencia, a gran escala, al aumento de complejidad (que no implica “superioridad”). Todos estos períodos están marcados por grandes catástrofes ambientales (caídas de grandes meteoritos, inversiones de los polos magnéticos terrestres, erupciones volcánicas…) que producían grandes extinciones y apariciones de nuevas morfologías en fauna y flora. Es decir, es evidente que unos tipos procedían de los anteriores, aunque muchos otros se han conservado con pocos cambios. Lo que induce a error por la machacona asociación de la evolución con “el origen de las especies” es que la aparición de una o más especies a partir de una antecesora, es decir, la especiación, no es evolución (entendida como cambio de organización, es decir, el paso de pez a tetrápodo o de tetrápodo a ave), sino un aumento de variabilidad dentro de un patrón morfológico que no cambia esencialmente. Por ejemplo, las hormigas aparecieron súbitamente en el Devónico y desde entonces se han producido miles de especiaciones, pero siguen siendo hormigas y lo mismo sucede en todos los tipos de organización como libélulas, aparecidas como tales en el Carbonífero, las tortugas en el Triásico, etc.

La cuestión es que los verdaderos cambios evolutivos son de una magnitud enorme, tanto en los desencadenantes como en las consecuencias y esto induce a confusión porque los darwinistas pretenden encontrar, infructuosamente, “eslabones perdidos” en su supuesta cadena de cambio gradual, lo que da argumentos muy sólidos a sus críticos “creacionistas”. Es decir, su obcecación en “cómo ha debido de ser”, su confusión entre especiación y evolución y su torpeza en confundir adaptación (es decir, ajuste al ambiente) con evolución (es decir, cambio de organización) hace que su postura sea cada día más débil, lo que favorece la confusión y las críticas interesadas. Lo que creo que hay que comprender es que los fenómenos biológicos son de una complejidad que escapa a nuestras interpretaciones simplistas (y posiblemente a nuestra capacidad de imaginación), pero eso pasa también con la Física y eso no implica que lo que no podamos comprender por nuestras, por ahora, limitadas capacidades metodológicas, lo solventemos científicamente con el recurso de entidades omnipotentes como son la selección natural, Dios, que no es objeto del estudio científico, que busca explicaciones materiales de un hecho material, o el diseño inteligente porque no explica quién diseñó al diseñador.
MV: Darwin decía que el negro, al estar más cerca del mono en la “cadena evolutiva” era inferior al hombre caucásico, y que las mujeres reflejaban características relativas a las tribus primitivas (intuición, imaginación, etc.) porque eran inferiores al individuo macho. Supuestamente, estas concepciones no se toman como científicas hoy en día. Sin embargo, ¿no crees que deberíamos desechar estas palabras “inferior“ y “superior“ cuando se habla también de las diferentes formas de vida que existen, es decir, virus, bacterias, animales, plantas? ¿No es esta visión antropocéntrica de la vida, con el hombre en la cima de la “pirámide evolutiva“, lo que ha condicionado el desequilibrio ecológico que vivimos actualmente?

Estas ideas de Darwin se ocultan habitualmente por los darwinistas que suelen recurrir a la anécdota del viaje del Beagle en la que Darwin se muestra horrorizado por el maltrato a un esclavo para alabar el carácter “antirracista” de Darwin, pero sus verdaderas creencias al respecto se pueden encontrar en su libro, cuyo título “resumido” (siempre “resumen” sus títulos) es El Origen del Hombre , que “las autoridades” darwinistas no parecen tener mucho interés en que leamos, y la respuesta hipócrita cuando alguien que lo ha leído lo pone en evidencia es que “era la forma de pensar de la época”, lo cual es falso, porque en aquella época e incluso anteriores habían muchas personas con un pensamiento muy diferente al de la rancia sociedad victoriana.



Efectivamente, en El origen del hombre Darwin no se cansa de hablar de los hombres “inferiores” para referirse, tanto a los “indígenas” como a los trabajadores, a la mujer e incluso a otras supuestas “razas” como los irlandeses, y es cierto que esta forma de pensar era un reflejo del estrato social al que pertenecía, y del momento histórico con la “revolución industrial” con sus terribles consecuencias para los trabajadores y de la máxima expansión colonial británica que necesitaban una justificación “racional” de la situación. Pero lo más nefasto desde el punto de vista de la concepción de la Naturaleza fue sin duda la idea, que obtuvo de la observación de las actividades de los ganaderos y los agricultores, de la selección “natural” o la “supervivencia del más apto”, ideas que condujeron a la eugenesia, de la que tanto Darwin como varios de sus hijos eran fervientes seguidores, es decir de la necesidad de liberar el Mundo de seres “inferiores”. En realidad, todo el darwinismo, incluido el que se tiene por “estrictamente científico” (es decir, no el mal llamado “darwinismo social”) es una concepción, no ya antropocéntrica, sino etnocéntrica. Es una forma de ver la vida basada en el calvinismo victoriano. La Naturaleza como un campo de batalla proviene de la “lucha por la vida” de Robert T, Malthus, discípulo de Adam Smith, tal como reconoce Darwin cuando afirma que su “teoría” es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza a los reinos animal y vegetal. La concepción de la vida como una competencia permanente, en la que todos los seres vivos son “competidores” sin comprender que todos los componentes de “la red de la vida” (porque no es una pirámide: es una red), incluidos los virus y las bacterias, son necesarios para su funcionamiento equilibrado, es la que ha llevado al creciente desequilibrio ecológico en el que está sumido nuestro Planeta.


Raúl Herrera (biólogo, apicultor y artista multidisciplinario): ¿Cómo cree que pueda afectar a la vida en la tierra y a la del hombre en particular, la desaparición de especies como la de las abejas?

Hay una frase que se atribuye a Einstein según la cual si las abejas desaparecieran, a la Humanidad le quedarían cuatro años de existencia. No podría afirmar que fueran exactamente cuatro años pero, desde luego, la supervivencia de la humanidad estaría gravemente amenazada y no a muy largo plazo. Aunque no son los únicos insectos polinizadores, las abejas son esenciales porque son las más eficaces en la polinización de los cultivos, porque en una jornada realizan muchos cientos de viajes a las plantas esparciendo el polen y hay muchos cultivos que dependen estrechamente de las abejas para su fructificación. Según un informe del Programa de las Naciones unidas para el Medio Ambiente (el PNUMA) existe una gran pérdida de abejas en Estados Unidos, algunas partes de Europa, especialmente España, y en los últimos años el problema se ha extendido a Australia, Japón, China y el norte de África. Esto representa un grave peligro para la alimentación mundial. Por ejemplo, se ha constatado que en muchas frutas la producción disminuye hasta en un 90% al desaparecer la polinización de la, abejas, y en otros cultivos hasta el 50%, por el momento.

En cuanto al motivo de su desaparición, se ha atribuido a las señales emitidas por teléfonos celulares y otros dispositivos que las desorientan, incluso al cambio climático, pero un causante que parece claro es el envenenamiento producido por herbicidas y pesticidas de los grandes monocultivos industrializados, especialmente de los cultivos transgénicos. Por ejemplo, en Alemania se prohibieron los cultivos transgénicos por la constatación de que mataban abejas, mariposas y otros insectos. No quisiera resultar muy negativo, pero me temo que la creciente expansión de estos cultivos por el Mundo debido a la presión de las grandes corporaciones que están controlando la alimentación mundial no permiten ser muy optimista sobre el futuro.

Continuación de la entrevista en este enlace: “Se puede concebir algo más distinto a lo que nos han contado?“ Entrevista a Máximo Sandín, Segunda Parte

1 comentario:

  1. Muchas gracias por este artículo, he aprendido mucho!

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